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Una de las mil razones para estar indignados. Vicenç , 13 de enero de 2014

enero 15, 2014

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LA IDEOLOGÍA QUE REPRODUCEN LAS “CIENCIAS ECONÓMICAS” Vicenç Navarro

enero 13, 2014

LA IDEOLOGÍA QUE REPRODUCEN LAS “CIENCIAS
ECONÓMICAS”
Vicenç Navarro
Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y
Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University
9 de enero de 2014

No hay plena consciencia de que el lenguaje que se utiliza hoy
en las ciencias económicas (donde el pensamiento neoliberal es
dominante), y que aparece en el discurso hegemónico en los medios
de información de mayor difusión, reproduce unos valores que
quedan ocultos en la narrativa de esta área de conocimiento. Por
ejemplo, es frecuente que se escriba en fórums políticos y
económicos que las derechas (fuerzas conservadoras y liberales)
priorizan a los mercados como los determinantes del comportamiento
económico y financiero, mientras que las izquierdas enfatizan más las
intervenciones públicas del Estado para la configuración de las
prioridades en los espacios financieros y económicos. En esta
dicotomía se ocultan o ignoran varios hechos esenciales.

Uno es que la palabra “mercados” quiere decir, en realidad, los
propietarios y gestores del capital, es decir, las grandes empresas
que dominan las distintas áreas de la actividad económica, dentro de
las cuales las financieras han adquirido un gran protagonismo.
Cuando las derechas acentúan que tienen que ser los mercados los
que definan las prioridades sociales, están en realidad diciendo que
son los propietarios y gestores de las grandes empresas los que tiene
que tener la primera y última palabra en las decisiones que afectan a
la gobernanza del país. Esta versión aparece con toda crudeza en la
famosa expresión que “lo que es mejor para Citibank (en España, el
Banco de Santander o Repsol) es también lo mejor para el país”.
Este punto de vista, sin embargo, se presenta por lo general en
una terminología menos directa y más sutil. Se dice que es a los
“mercados” (sin utilizar el término capitalistas) a los que se debe
obedecer. Los brutales ataques al Estado del Bienestar en los países
periféricos de la Eurozona (que tienen el gasto público social por
habitante más bajo de la UE-15), con reducción del gasto público, se
presentan como necesarios para seguir la disciplina fiscal dictada por
los “mercados”. Y la bajada de salarios (que están entre los más
bajos de la UE-15) se presenta como necesaria para responder a los
“mercados”, haciendo a España más competitiva. Si usted, lector, se
lee los documentos del gobierno español, de la Comisión Europea, del
Banco Central Europeo y del Banco de España, verá estas
expresiones utilizadas constantemente. El mensaje es que hay que
responder a los mercados. En realidad, lo que quieren decir (pero no
se atreven a decirlo) es que hay que hacer lo que los propietarios y
gestores de las grandes empresas y muy en especial las financieras
digan que tiene que hacerse.

A algunas voces, sin embargo, se les escapa lo que piensan y lo
dicen sin tapujos. Así, uno de los arquitectos de las políticas
desarrolladas por el gobierno Thatcher, en una entrevista en 1991
(“Former Thatcher adviser Alan Budd spills the beans on the use of
unemployment to weaken the working class – sound familiar?”
entrevista de Adam Curtis, junio de 1991), indicó que era necesario
utilizar este tipo de terminología para ocultar los objetivos reales.
Decía este personaje, Alan Budd, que es muy, pero que muy
necesario, que crezca el desempleo, pues este es un objetivo muy
deseado a fin de debilitar a la clase trabajadora y así favorecer a los
propietarios del capital. “Lo que hicimos, utilizando la terminología
marxista, fue crear una crisis del capitalismo, recreando un gran
ejército de reserva –la población desempleada– lo que permitió
ampliar beneficios a los grandes empresarios a partir de entonces”.
Les aseguro que los economistas neoliberales del gobierno actual, así
como un gran número de gurús económicos y financieros de gran
visibilidad mediática, sin o con chaquetas llamativas, piensan igual,
aunque lo dicen de una manera más elaborada y más sutil. Lo
definen como requerimientos de los mercados.

La educación económica en nuestro país
Esta narrativa en la cultura económica es dominante (con
notables excepciones) en la cultura académica española. En realidad,
gran parte de la enseñanza económica se basa en este
entendimiento. El énfasis es en los mercados, dando prominencia a la
necesidad de que sean estos los que determinen las prioridades de la
sociedad. Con ello se da prioridad a reproducir la distribución de
poder, basada en la propiedad y gestión del capital. Como bien ha
dicho Paul Krugman, hoy, en la mayoría de Departamentos de
Economía de las universidades de EEUU, la economía que se enseña
es “lo que el 1% de renta superior del país desea que se haga”. Una
situación idéntica ocurre en España (de nuevo, con notables
excepciones).
Esta situación se ha incluso acentuado más en los últimos
treinta años, durante los cuales la influencia del capital, y muy en
especial del capital financiero, en el desarrollo de las “ciencias
económicas” ha sido muy acentuado. De la misma manera que la
industria farmacéutica tiene una enorme influencia en la cultura
académica de las ciencias médicas, a través del patrocinio de
congresos, de revista científicas, de financiación de centros de
investigación, de cátedras en la universidad, de pagos y donaciones a
médicos, vemos que la banca y las grandes empresas tienen una
enorme influencia en los centros académicos de economía, a través
de idénticos procesos.
Más recientemente este intervencionismo es incluso más
directo, como es el caso de Fedea, o el caso de sus cátedras,
financiadas por las grandes empresas financieras e industriales. En
todas ellas se promueve la doctrina neoliberal, sin ningún disimulo,
gozando de grandes cajas de resonancia ofrecidas por los medios de
información, altamente dependientes de la banca para su propia
supervivencia. Ni que decir tiene que dichos medios, muy de vez en
cuando, permiten voces críticas a fin de presentarse como abiertos y
plurales. Pero su mayor misión, que cumplen exitosamente, es
propagar la doctrina económica del 1%, que es el neoliberalismo.
En realidad, los gurús económicos neoliberales de gran
visibilidad mediática gozan de una inmunidad que no tiene ninguna
otra profesión. Ejemplos hay muchos. Supóngase que un famoso
profesor de medicina se hubiera hecho famoso a base de promocionar
un producto farmacéutico y que, después de ser ampliamente
promocionado, se descubriera que los informes científicos que ese
médico había presentado eran falsos, llenos de errores y
manipulaciones. Les aseguro que lo más probable es que este
médico, además de perder su credibilidad, quedara marginado,
expulsándoselo de los comités científicos, y podría incluso perder su
cátedra.
Pues bien, esto ha pasado recientemente con unos famosos
economistas de prestigiosos centros académicos (Carmen Reinhart y
Kenneth Rogoff). Su famoso “hallazgo” era que un país, en el caso de
que fuera indisciplinado en sus cuentas públicas y alcanzara una
deuda pública de más del 90% del PIB, entraría en un declive muy
acentuado. Este “hallazgo” fue ampliamente utilizado por todas las
instituciones, altamente influenciadas por la banca, desde el BCE
hasta la Comisión Europea, asimismo como el Banco de España y el
gobierno español, para imponer políticas de austeridad a las clases
populares. Pues bien, un Departamento (marginado por su
heterodoxia en el mundo académico de EEUU) de Economía de la
Universidad de Massachusetts mostró que había muchos errores y/o
manipulaciones en el trabajo que había producido ese hallazgo. Pues
bien, los dos autores continúan teniendo la misma visibilidad
mediática, tanto en EEUU como en España, mientras que los
economistas que mostraron dichos errores no están ni se les espera
en ninguno de los fórums o medios donde la sabiduría convencional
se reproduce.
Consecuencias del dominio de los mal llamados mercados

Otro error que se presenta en esta dicotomía mercados versus
Estado es asumir que las derechas favorecen a los mercados y
desfavorecen al Estado, mientras que las izquierdas favorecen al
Estado a costa de los mercados. Ya he escrito críticamente sobre esta
falsa dicotomía en un artículo reciente (ver “El contexto político del
crecimiento de las desigualdades”, en Público 02.01.14), pero la
importancia del error me obliga a enfatizarlo de nuevo.

La evidencia empírica de que las derechas son tan favorables a
las intervenciones públicas, o incluso más, que las izquierdas, es
abrumadora. Y los datos hablan por sí solos. Los “mercados”, es
decir, los propietarios y gestores del capital son los mayores
beneficiarios de las intervenciones de los Estados. Andy Haldane,
Director Ejecutivo de Estabilidad Financiera del Banco de Inglaterra,
ha calculado que el subsidio público (pagado con fondos del Estado) a
los bancos más importantes del mundo fue equivalente a 70.000
millones de dólares de media cada año (durante el periodo 2002-
2007), cantidad multiplicada varias veces a partir del 2007, inicio de
la crisis (citado en “How High Inequality Plus Neoliberal Governance
Weakens Democracy”, por Robert Wade en Challenge, Nov-Dic 2013).
Y en España, el apoyo público pagado por el Estado a la banca y otras
instituciones financieras alcanzó la abrumadora cantidad de cerca de
220.000 millones de euros desde 2007. Ninguna otra institución ha
sido tan subvencionada como la banca, cuyos comportamientos
especulativos fueron ampliamente responsables de la crisis actual, de
la cual fueron rescatados, de nuevo, con fondos públicos, sin que su
salvación haya resuelto el problema de falta de crédito que las
pequeñas y medianas empresas están sufriendo. En realidad, y tal
como ha indicado Joseph Stiglitz, con los fondos que se han gastado
los Estados para salvar a los propietarios y gestores del capital
financiero, se podrían haber creado bancos públicos que habrían
garantizado la accesibilidad al crédito. El hecho de que ello no haya
ocurrido es consecuencia de la enorme instrumentalización de los
Estados por la banca, lo cual ha alcanzado niveles hiperbólicos en el
gobierno actual de España, uno de los que ha impuesto políticas de
mayor austeridad a las clases populares en la UE-15.

Las desigualdades, tema desconocido en las teorías
económicas.

Consecuencia de lo dicho en la sección anterior es el hecho de
que los Estados, instrumentalizados por el capital, han sido los
responsables de las enormes desigualdades que han estado
ocurriendo desde los años ochenta, crecimiento que apenas ha
aparecido en la literatura de las “ciencias económicas”. En realidad,
algunos no solo las ignoraron y desconocieron, sino que las ocultaron
deliberadamente por considerarlas perniciosas. Así, Robert Lucas,
Profesor de Economía de la Universidad de Chicago, conocido como
uno de los fundadores del neoliberalismo económico y Premio Nobel
de Economía en 1995, indicó que “una de las tendencias perniciosas y
dañinas en el conocimiento económico…. en realidad, venenosa para
tal conocimiento, es el estudio de temas de distribución…” (Robert
Lucas, “The Industrial Revolution: Past and Future”. Annual Report
2003 Federal Reserve Bank of Minneapolis, May 2004). El estudio de
las desigualdades de renta y propiedad no es un tema frecuente o
bien conocido en los análisis que se centran en la eficiencia y eficacia
de los llamados “mercados”. Y ello es consecuencia de que los
propietarios y gestores del capital, máximos beneficiarios de estos
conocimientos, no quieren que se conozcan las causas y
consecuencias de su riqueza. Durante el periodo 2009-2012, el
periodo de mayor crisis en EEUU, la renta del 1% más rico de EEUU
absorbió el 95% del crecimiento total de la renta, y los ingresos de
los propietarios y gestores de las 500 compañías más grandes de
EEUU pasaron a representar 324 veces más que el salario promedio.

A lo máximo que el conocimiento económico llega es al análisis
de la pobreza, centrándose más en los pobres que en las causas de la
pobreza. Es común oír o ver la expresión de que “no me importan las
desigualdades o que la gente sea tan rica como pueda. Lo único que
me importa es la pobreza”. El problema con este dicho, muy común
entre economistas liberales, es que las desigualdades y la pobreza
están íntimamente relacionadas. La enorme concentración de las
rentas se hace a costa de las rentas de los demás sectores de la
población. La distribución de las rentas de un país no responde a
causas económicas, sino políticas. En estos años de crisis, mientras
que las rentas del 1% de la población han crecido
desmesuradamente, la renta media de las familias estadounidenses
ha descendido un 4%. Y ello, como consecuencia de las políticas
públicas realizadas por el Estado. Ha habido lo que se llama un
impacto Robin Hood, “Robin de los bosques”, al revés, es decir, una
redistribución de las rentas de la mayoría a la minoría, debido a la
enorme influencia de esta minoría sobre el Estado, y que se traduce
tanto en las políticas fiscales como en otros tipos de intervenciones
públicas (como los subsidios a la banca) que sistemáticamente
favorecen a los sectores más pudientes de la población.

El factor más importante para explicar el nivel de las
desigualdades existentes en un país es el grado de influencia que los
instrumentos del capital tienen sobre el Estado (tanto central como
autonómico o local). En los países como EEUU y España, donde esta
influencia es muy marcada, las desigualdades y la pobreza son
mayores que en los países, como en el norte de Europa, donde tal
influencia ha sido menor (donde, hasta hace poco, el mundo del
trabajo tenía mayor influencia en Europa). No es por casualidad
tampoco que los países más desiguales sean también los países con
menos calidad democrática (como EEUU y España), donde el grado
de insatisfacción de la mayoría de la población hacia las llamadas
instituciones representativas es mayor. La concentración de las
rentas y de las riquezas aumenta la influencia política y mediática de
los grupos más pudientes de la sociedad, causa del deterioro de las
instituciones democráticas. EEUU y España son un claro ejemplo de
ello. Es precisamente la instrumentalización de los Estados por el
capital lo que está generando una de la rebeliones pro democracia
existente hoy en el mundo (ver mi artículo “La revolución
democrática a nivel mundial”. Público, 30.12.13).