Archive for 25 agosto 2015

La alemanización de la Unión Europea, incluyendo Grecia. Un artículo de Vicenç Navarro

agosto 25, 2015

Dominio público Opinión a fondo

La alemanización de la Unión Europea, incluyendo Grecia

20 ago 2015

Vicenç Navarro Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y ex Catedrático de Economía. Universidad de Barcelona

En el discurso que dio el entonces Ministro de Finanzas griego el 15 de julio, el Sr. Yanis Varoufakis, se refirió a las reformas impuestas a Grecia por el Eurogrupo (en el que el Ministro de Finanzas alemán, el Sr. Wolfgang Schäuble, era una figura dominante en tal grupo) como comparables a lo que “ocurrió en Versalles”, cuando los vencedores de la I Guerra Mundial impusieron a Alemania unas medidas de tal dureza que fueron la causa, más tarde, de la aparición de la II Guerra Mundial. Tales medidas eran, ni más ni menos, los pagos que los Aliados exigían a Alemania como reparaciones por los daños creados por ésta a los vencedores durante el conflicto militar. La severidad de tales medidas, claramente sancionadoras impuestas por los vencedores a los vencidos, era la imagen a la que Varoufakis hacía referencia en su discurso, referencia que no pasó desapercibida a nivel internacional. El sr. Varoufakis estaba así denunciando la victimización de Grecia por parte de los estados europeos, liderados por el estado alemán que, debido a su historia, tenía que haber sido especialmente sensible a no reproducir lo que los vencedores impusieron a su propio país a principios del siglo XX. La insensibilidad de este estado y de su gobierno ha sido abrumadora. En los años 50 del siglo XX se perdonó al estado alemán más de la mitad de la deuda pública que tal estado debía a los vencedores de la II Guerra Mundial (incluso a Grecia). Y a pesar de haber sido el máximo beneficiario de las políticas de reestructuración de la deuda pública que hayan existido en Europa, el estado alemán ha sido el que más se ha opuesto a reestructurar la deuda griega. Como dijo el alcalde (del partido conservador) de Londres, el sr. Boris Johnson, “el hombre con la pistola en la sien de Grecia es el Ministro de Finanzas alemán, el sr. Wolfgang Schäuble,… pues son los alemanes los que dirigen la campaña de dominar a Grecia”. Fue precisamente un conocido sociólogo alemán, Ulrich Beck, quien predijo que “era intención de la Canciller Merkel el alemanizar Europa, y que lo estaba consiguiendo”. Hoy, el estado alemán está consiguiendo lo que ni el Káiser ni Hitler pudieron hacer: es decir, el dominio de Europa.

El valor de las analogías históricas

Se dirá que las analogías históricas son intrínsecamente limitadas pues la historia nunca se repite por mucho que los parecidos entre dos momentos históricos sean muy notables. Así, se argumentará que este dominio alemán sobre el resto de Europa no se ha conseguido militarmente, y que los estados dominados han aceptado tal relación de dominación (se presenta como “liderazgo”) voluntariamente, deseando su pertenencia a tal Eurozona (donde se produce el dominio alemán), aprobada por las poblaciones de tales estados. El pueblo griego, por ejemplo, desea continuar perteneciendo al Eurogrupo. No es pues una situación alcanzada por la fuerza y/o por medidas militares, sino voluntariamente. Ni qué decir tiene que estos argumentos que cuestionan tales analogías históricas tienen un elemento de verdad. Después de todo, aquellos que vivieron la ocupación nazi de sus territorios (como lo conoció el pueblo griego) saben que lo que ocurre ahora no es lo mismo que lo que ocurrió entonces. Ahora bien, que tengan un elemento de verdad no quiere decir, sin embargo, que tengan toda la verdad. Porque el dominio y la brutalidad con la que fue dominada Europa entonces, y lo es ahora, varía en su forma pero no en su contenido e intento. En ambos casos hubo un dominio brutal, que se ha expresado en la destrucción de un 25% en el PIB de Grecia, con consecuencias humanas duraderas y un sufrimiento enorme. Y esta es la realidad que debe denunciarse y movilizarse para poner fin a tanta crueldad y tanto dolor en aras de una dominación aceptada voluntariamente para ahora conseguir un futuro que nunca llegó ni nunca llegará. Y, una vez más, este enorme poderío y dominio alemán fue promovido y amparado por los otros estados europeos y por el estado estadounidense en su intento, esta vez, de parar a la Unión Soviética, una de las causas del apoyo al establecimiento de la Unión Europea y de la Eurozona. Y este dominio tuvo y tiene unas consecuencias enormemente negativas para la periferia de la Eurozona, incluido España, Grecia, Portugal e Italia. ¿Cómo se perpetúa el dominio alemán? La Eurozona no se puede entender como una suma de países, pues cada país tiene clases sociales que pueden o no compartir los mismos intereses. Alemania, por ejemplo, tiene clases sociales que, aun cuando comparten algunos intereses económicos, otros no los comparten. Y uno de ellos – en el que tales intereses no coinciden – es en el modelo económico de desarrollo dominante, cristalizado en las reformas Schröder-Merkel. Tal modelo económico está basado en la importancia que las exportaciones tienen en el desempeño económico del país. Es, en realidad, el modelo liberal por excelencia, pues su éxito depende de pagar a su clase trabajadora muy por debajo del nivel de su productividad. Esta circunstancia hace muy difícil a los países periféricos (a pesar de tener salarios más bajos que los alemanes) poder competir con las exportaciones alemanas. El gran éxito de las exportaciones alemanas hace que el balance comercial (la diferencia entre exportaciones e importaciones) sea equivalente a un 8% del PIB alemán, que es una cifra elevadísima, muy por encima de lo que la Eurozona considera aceptable. Alemania exporta mucho más de lo que importa. Y ello se debe en parte a la limitada capacidad adquisitiva de la clase trabajadora alemana como consecuencia de sus salarios limitados. En realidad, Oskar Lafontaine, que fue Ministro de Finanzas del Gobierno Schröder, había propuesto que el motor de la economía fuera la demanda doméstica basada en un aumento de los salarios y del gasto público, medidas que, al no ser aprobadas por el canciller Schröder, determinaron su salida del gobierno y del partido socialdemócrata, estableciendo más tarde el partido “Die Linke” (Las Izquierdas), siendo hoy uno de los economistas más lúcidos de la Eurozona. ¿Qué ha hecho Alemania en tantos años? Una cosa que no se ha hecho es lo que deseaba Oskar Lafontaine: aumentar los salarios, con lo cual se hubiera estimulado también la economía alemana y la europea. Lo que el establishment alemán hizo fue exportar los euros acumulados por las exportaciones, prestando a los países periféricos, siendo ésta la causa del crecimiento de la deuda privada y pública en estos países. Tras la burbuja inmobiliaria en España estaban los préstamos de la banca alemana a la española, y detrás de la enorme deuda pública griega estaban los préstamos de la banca alemana a los bancos y al estado griegos. Y cuando los bancos españoles y griegos no pudieron devolver el dinero a los bancos alemanes, el estado alemán prestó dinero a los estados español y griego para que se los prestaran a sus bancos y así éstos pagaran su deuda a los bancos alemanes. Antepusieron así los intereses de sus bancos a todo lo demás. Y para conseguir el dinero que se debía a sus bancos, el estado alemán ha sido capaz de llegar a unos niveles de dureza y brutalidad que incluso sorprendieron a autoridades monetarias del Estado Federal de EE. UU. En las recientes memorias del que fuera equivalente a Ministro de Finanzas del Gobierno Obama, el sr. Timothy F. Geithner, escribe que, en una conversación con el ministro alemán, le sorprendió la dureza que Alemania estaba dispuesta a utilizar frente al gobierno griego (anterior al de Syriza) en caso de que no siguieran las normas que el estado alemán proponía para conseguir el pago de su deuda. Y lo que es más preocupante es el apoyo del Partido Socialdemócrata alemán a las reformas Schröder-Merkel y a las medidas propuestas por la Canciller Merkel como condición del tercer rescate, que significan la continuación de tanto dolor. Una de ellas es la imposición de las propuestas realizadas por el estado alemán (y aprobadas por las instituciones europeas) de que se establezca un fondo de privatizaciones, gestionado por las autoridades europeas, que fuercen al estado griego a privatizar la propiedad pública de tal estado, a fin de recoger 50.000 millones de euros. Una de las primeras privatizaciones ha sido la de los aeropuertos más rentables en las zonas turísticas griegas (a unos precios irrisorios), vendiéndose a una empresa alemana Fraport para su gestión. Esta compañía alemana gestiona varios aeropuertos en aquel país, incluyendo el de Frankfurt. Dígase como se diga, es un pillaje de los recursos públicos griegos hecho bajo la supervisión de las autoridades europeas (en las cuales la influencia del estado alemán es mayor), pillaje que se realiza bajo la amenaza (y que ya se realizó una vez) que el Banco Central Europeo no proveerá dinero ni a los bancos ni al estado griego en caso de que se desobedezca.

Hoy lo que estamos viendo en Grecia es la III Guerra Mundial, guerra que está ocurriendo sin disparar un tiro y sin soldados, realizada por individuos con corbata y con una sonrisa en sus labios, prototipo de la burocracia europea y de los establishments financieros, económicos, políticos y mediáticos europeos que están, a la vez que supervisando las privatizaciones, imponiendo unos recortes de las pensiones, el 40% de las cuales no llega al umbral de pobreza en aquel país. En un lenguaje bélico, esta situación se definiría como “la ocupación de Grecia por el estado alemán”. En el lenguaje mediático tales términos no se utilizan por considerarse provocadores, ignorando con ello que no es la narrativa sino la realidad que aquella esconde la que debe denunciarse por haber convertido “el sueño europeo” en una mayor pesadilla para los pueblos tanto de la periferia como del centro de Europa.

Συνάντηση: Éric Toussaint / Ερίκ Τουσέν (18/04/2015)

agosto 14, 2015

 

El mal llamado Tratado de Libre Comercio entre EE.UU. y la Unión Europea (UE)

agosto 11, 2015

Un artículo del profesor Vicenç Navarro tomado del diario Público

Los superpatriotas que venden la patria

06 ago 2015
Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y ex Catedrático de Economía. Universidad de Barcelona.

En los últimos meses he estado escribiendo artículos alertando del enorme daño que el mal llamado Tratado de Libre Comercio entre EE.UU. y la Unión Europea (UE) tendrá en la sostenibilidad de la Europa Social y en la calidad democrática de estos países (ver mis artículos “Las consecuencias negativas de los anteriores tratados de libre comercio”, Público, 15.06.15; “El tratado de libre comercio entre los Estados Unidos y la Unión Europea y sus posibles impactos en la sanidad española”, Gaceta Sanitaria, junio 2015; “¿Qué se intenta con los tratados mal llamados de libre comercio?”, Público, 23.07.15). La pérdida de soberanía nacional será enorme, estableciéndose tribunales de mal llamada justicia, que tendrán mayor poder que los propios Estados. En realidad, será la victoria del gran capital sobre todo lo demás, imponiendo sus reglas sin ningún tipo de freno. Y como era de esperar, las derechas “patrióticas”, tanto en España como en Catalunya (“patrióticas” de nacionalismo opuesto), venderán la patria para favorecer los intereses de las grandes corporaciones, que serán las únicas que se beneficiarán.

Si usted, lector, cree que estoy exagerando, le sugiero que se lea el excelente artículo del Profesor John Miller (“Trans-Pacific Partnership: Corporate Power Unbound”, Dollars & Sense, julio/agosto 2015) en el que analiza el impacto de otro tratado mal llamado de libre comercio que se está también elaborando entre EE.UU. y los 12 países del Océano Pacífico (EE.UU., Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam), que colectivamente producen el 40% del Producto Interior Bruto Mundial, tratado conocido como TPP, Trans-Pacific Partnership. Es uno de los tratados que cuenta con más apoyo por parte de las mayores corporaciones que gobiernan el mundo, que lo están promoviendo activamente a través de los mayores medios de información que controlan (siendo España, donde la pluralidad de los medios es muy limitada, un claro ejemplo de ello). En EE.UU., los mayores sindicatos (AFL-CIO) se han movilizado masivamente en contra. No así el Partido Republicano y el aparato del Partido Demócrata, dirigido por la Administración Obama, que lo apoyan. En el mundo académico, la mayor figura que se opone a este tratado es el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, y el centro de investigación económica más conocido que se opone es el Center for Economic and Policy Research (CEPR), en Washington, uno de los centros más reputados y conocidos en aquel país.

El punto clave donde ocurre la pérdida de soberanía es en el establecimiento de un tribunal que tendría la última palabra en cualquier conflicto legal entre el gobierno de un Estado (que en teoría representa a la ciudadanía de un país) y las grandes transnacionales que invierten en aquel país. Este tribunal, conocido como Investor-State Dispute Settlement (ISDS) en inglés, decidirá quién tiene razón en cualquier disputa entre un Estado y una empresa extranjera que invierta en ese país, siendo su decisión inapelable.

En realidad, los ISDS ya existen en varios tratados, también mal llamados de libre comercio. Como consecuencia de su existencia, hemos visto los siguientes casos:

La compañía de tabaco Phillip Morris ha llevado a los tribunales a los Estados de Uruguay y Australia, urgiendo una compensación económica por pérdidas en sus beneficios como consecuencia del descenso de ventas, resultado de la nota escrita en cada cajetilla de tabaco alertándole de los daños a su salud que le puede producir el consumo de tabaco, nota escrita que es obligatoria en aquellos países, por mandato estatal.
La empresa nuclear Vattenfall ha llevado a los tribunales, demandando una compensación de 3.700 millones de dólares (unos 3.500 millones de euros), al Estado alemán por la supuesta pérdida de beneficios resultante de que haya decidido disminuir su dependencia energética de la industria nuclear, después del desastre de Fukushima.
La compañía francesa de gestión de residuos, Veolia, ha llevado al gobierno egipcio a los tribunales por haber subido el salario mínimo de aquel país, lo que le ha supuesto un aumento de los costes, por los que la compañía urge al Estado que le compense.
Sé que es probable que el lector no se acabe de creer lo que se le viene encima con el mal llamado Tratado de Libre Comercio. Pero le aseguro que si el tratado entre EE.UU. y la UE se aprueba, verá la defensa de sus intereses como ciudadano, trabajador, consumidor y usuario, dramáticamente reducida, porque el Estado verá debilitado enormemente su poder para protegerlo. Es, sin lugar a dudas, la mayor amenaza que hoy se cierne sobre la democracia y la soberanía de los pueblos, la cual las derechas superpatriotas de siempre están dispuestas a imponer, en defensa de los intereses económicos que las financian. Son, ni más ni menos, que vendepatrias. Utilizan las banderas para defender sus intereses de clase. No hay otra manera de verlo.